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lunes, 8 de noviembre de 2010

Os presento a la familia Sky

-Hay que reconocerlo, -decía siempre Vlad.- en este mundo hay familias con clase, familias sin clase, y familias con mucha, mucha clase. Y los Sky pertenecen al tercer grupo.

Siempre que se hablaba de los Sky en algún bar, hasta los más borrachos levantaban la cabeza. Era la familia más rara del mundo.

El señor Sky era el vivo retrato de su padre (“¡que en paz descanse y que no vuelva!” como solían decir los más valientes) Gaston Sky I, pero había heredado algunos rasgos de su madre, la señora Micaella Sky, una mujer de armas tomar (ahora convertida en Abuelita Micaella), así, Gaston Sky II combinaba los rasgos nórdicos de su padre con los mediterráneos de su madre en un cóctel extraño, sí señor.

La señora Sky era Isobel Sky (anteriormente Isobel Uran), madre de los ocho niñatos Sky, una mujer con todas las letras. Ella mandaba ¡y más le valía a la humanidad que sus deseos fuesen cumplidos! Aunque claro, cuando tienes ocho hijos, cada cual peor que el anterior, o tienes mucho carácter, o acabas queriendo suicidarte.

Sin embargo, las fuertes personalidades del matrimonio Sky no son lo que generaba las conversaciones en los bares. Esos eran los ocho hijos de Isobel y Gaston: Sam, Nikita, Nicolai, Johann, Crysis, Talline, Alessandro e Ingrid. ¡Aquellos malditos niñatos! Levantaban opiniones adversas en todo el país, pero solo había una que compartía todo el mundo. Eran raros de cojones, y no se parecían en nada. Pero empecemos por el principio:

El mayor de todos era Sam, un chaval aparentemente tranquilo, de algo así como veintitrés años, y de un tamaño extra grande. Hombros anchos y una estatura más que considerable, hacían de él alguien imponente. Era un experto informático y se rumoreaba que trabajaba entrenando al ejército. Pero Sam Sky era todo un misterio.

Después de él había nacido Nikita Sky, a la que nadie se atrevía a llamar por ese nombre, y a la que todo el mundo se dirigía por Ai. Era una joven rara (casi más que toda su familia, pero claro, alguno de los pequeños la superaba) e independiente, que hablaba por todos los demás. La portavoz, por así decirlo, una chica de cabello castaño y lengua viperina (“¡si alguna vez se la mordiese, seguro que se envenenaba!” Pensaban muchos y comentaban unos pocos). Tenía mente de empresaria, y todos temían que algún día se convirtiese en una.

Tras Nikita, dos años menores, iban los gemelos, Johann y Nicolai, Nicolai y Johann. Tenían diecisiete años y ya eran las caras (y los cuerpos) de varias firmas de moda. Eran unos jovencitos guapos que resultarían encantadores… Si no hubiesen heredado los caracteres de Isobel Sky y de Abuelita Micaella y se dedicasen a ignorar todo lo que les rodeaba, o a ser desagradables con todo el mundo, haciendo declaraciones escandalosas que su hermana mayor tenía que esforzarse en suavizar después. Niñatos insoportables y mimados, eso eran.

Dos años y medio después de Nico y Johann, habían llegado dos miembros más a la familia. Los mellizos, Talline y Crysis. Probablemente no ha existido en el mundo dos mellizos tan diferentes a simple vista. Crysis no amenazaba, actuaba. Talline gritaba improperios a diestro y siniestro, pero rara vez los cumplía. Aunque, claro, Talline podía acertarte entre los ojos con un cuchillo, a la distancia que fuera. Otra cosa que no tenían en común era la energía (o rasmia, como la llamaba Abuelita Micaella), porque Crysis era tranquilo y frío; y Talline se movía tanto que parecía que había tres o cuatro Tallines en la sala. Crysis creaba. Talline destruía.

Había dos más, otros niños mellizos (Cita textual oída en un bar: “¡La señora Sky solo parece saber parir a pares!”) de cuatro años, Ingrid y Alessandro, que se habían convertido en los niños mimados de las cámaras y de Abuelita Micaella. Pero esos todavía no eran tan peligrosos como los mayores.

domingo, 17 de octubre de 2010

Familia Sky, que daño le has hecho al mundo


La televisión estaba puesta a un volumen más alto de lo que se consideraba saludable. Resultaba extraño que a ninguno de los presentes estuviesen sangrándoles los oídos. Así, tronaban los conocidísimos chistes de los Simpson, en francés, mientras Nico iba repitiendo los diálogos.

- T’as vu combien des fois cet chapitre?-le preguntó Sam, mientras revisaba su correo electrónico.

-'Sais pas. Dix, plus ou moins.

-Pas du tout. -interrumpió Ai, entrando en la habitación.- Je crois que t'as vu cette merde de chapitre, au moins vingt-cinq fois.

-Peut être.

-Mais... t'étais ici, Ai? Depuis quand?

-Ben... Je suis arrivée ici a l'heure du p'tit déjeuner. Tu serais endormi ou je sais quoi. T'étais pas là.

-Ah, c'est vrai. Je crois Talline est monté pour me dire, mais j'etais en train d'avoir un bon rêve...

-Alors? -la voz de Johann, que no despegaba la mirada de la tele, al igual que su hermano gemelo, se metió en la conversación.

-Alors je me suis pas réveillé.–concluyó Sam.

La familia Sky. Sam, Ai, Nico y Johann.

Como se nota que la familia tu no la eliges



"-¿Cuantas veces has visto este capitulo?
-No sé. Diez, más o menos.

-Para nada. Creo que has visto esta mierda de capitulo por lo menos 25.
-Puede ser.
-Pero... ¿estabas aquí, Ai? ¿Desde cuando?
-Pues... He llegado a la hora del desayuno. Tu estarías dormido o que se yo. No estabas.
-Ah, es cierto. Creo que Talline ha subido a decírmelo, pero estaba teniendo un buen sueño...
-¿Entonces?
-Entonces no me he despertado"