[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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viernes, 17 de diciembre de 2010

(Y a mí...)

Tengo el estómago tan encogido, tan encogido, tan encogido, que joder, tengo hambre.
>>Ana Eva (Reina de la Mala Leche)


-Me gustaría matar(te), pero Suerte no me deja.
>>Pensamiento Rourke (Una Asesina Que Sabe Bailar Que Te Cagas)

-Y a mi me gustaría que tuvieses sentido, y eso no puede ser.
>>Anders (El Héroe Al Que No Le Queda Más Remedio.)

-Y a mí me gustaría que os callaseis, porque llevo una resaca del copón.
>>Shaff Jeevas (Un Pirata Que Se Muere Por Una Botella De Vodka)


(Y a Maddie le hubiese gustado continuar durmiendo, y que Sean siguiese con ellos)

martes, 14 de diciembre de 2010

Maddie, esa pregunta es demasiado obvia

-¿Qué tal se te dan los finales, Jeevas?


En todas partes siempre hay un iluminado que señala al cielo y un montón de gilipollas que miran el dedo. Y luego está los genios que aprovechan y roban todas las carteras que pueden mientras todos se despistan.
Shaff Jeevas era el mejor en la última disciplina (y eso que señalar no se le daba nada mal.)

Shaff era un pirata. Uno de los de verdad, de esos que no llevan parche ni cojean o arrastran una pata de palo. No llevaba un loro al hombro, pero si tenía un pendiente en la oreja, y la piel quemada por el sol y la brisa marina. No tenía un vozarrón profundo y ronco, pero sí que tenía un buen estómago para la bebida. Le gustaban el ron y el vino, pero cuando aparecía en escena una buena botella de vodka, con ese sabor ardiente y aquel color tan engañoso, transparente como el agua, el esbozaba una pequeña sonrisa de placer, y se apresuraba a cogerla, antes de que otro pudiese hacerse con ella. Shaff era más bien delgaducho y no muy alto, se afeitaba todos los días, así que carecía de aquella barba enmarañada que tienen muchos capitanes de barco.


Pero es que Shaff no era capitán. Shaff no era el segundo de a bordo. Y lo que es todavía más curioso, Shaff no era el último mono.
Shaff era un alternativo. Hay uno en cada barco. Se enteraba de todo. Y manejaba sus armas como el mejor, aunque considerase que es mucho más inteligente huir que enfrentarse y arriesgarse a morir. No lo malinterpreteis, él no era un cobarde. (O tal vez sí, pero eso no importa.)


Shaff era un pirata. Un pirata verdadero. Se emborrachaba y se lo pasaba bien. Cantaba fatal, y aún tocaba peor la guitarra. Tenía un arsenal debajo de la cama, pero su arma más peligrosa era la palabra. Se le daba bien guiñar el ojo, o pasar por un chico que en su vida ha roto un plato.


Shaff era todo un pirata. ¿Y qué hace un pirata en tierra firme, tan lejos del mar?

    Nadie tenía ni idea, y nadie tuvo nunca el valor de preguntárselo.
    Hasta que Maddie cayó en sus vidas.

-¿A mí? De puta madre, Rubita. Como todo.
(Shaff Jeevas nunca acabó de cogerle el tranquillo a aquello de decir la verdad, pero bueno.)


lunes, 6 de diciembre de 2010

Cuando conocí a Pensamiento, lo primero que se me pasó por la cabeza fué
"Mierda, me ha calado."

-
¿De qué me sirve preguntarte como has sabido que vivía aquí? -prosiguió él, con la mirada clavada en los ojos azules de Pensamiento.- Seguro que esa maldita puta de Suerte se ha encargado de darte mi expediente. Bah.
Tres segundos antes de que se le ocurriese pensar en las consecuencias de lo que había dicho, tenía una pistola apuntándole a la cabeza.
-No insultes a Suerte. -siseó ella.- Nunca. Te lo advierto.
-Con tranquilidad, pequeña Pensamiento. -contestó él, con una sonrisa enigmática.- Yo no estoy solo, y nunca se sabe...
-¿Qué? -ella vaciló un segundo. Dos después, el chico con el que había pasado la noche, (¡Sean!), entró en el salón, con una toalla alrededor de la cintura, y secándose el pelo con la mano.
-...¿Anders?
-Tranquilo, Sean. No pasa nada. Te presento a Pensamiento. Pensamiento, el es Sean.
-Encantado.
Pensamiento se volvió para observar mejor al joven. Y abrió mucho los ojos, sorprendida, y casi asustada. Ni siquiera notó que Anders le quitaba el revolver. Solo se quedó ahí, sorprendida.
Sean la miró, entre asustado y arrepentido.
-No sabe nada. -murmuró.
La chica pareció volver a la normalidad con aquellas palabras.
-Me imagino. -respondió fríamente.- Ya te hubiese echado.
-¿De qué va todo esto? -interrumpió Anders, ahora molesto de verdad.
-Nada. -la voz de la joven sonó cortante, muy cortante.-Yo he venido por otra cosa. Deberías estar muerto.
-Pero no lo estoy. -repuso él, con una sonrisa pícara.
-Pero no lo estás... Precisamente por eso he venido.
-¿Suerte te ha mandado a matarme?
-Oh, no, no. Todo lo contrario.
Ahora sí que estaba perplejo. Él, Anders. Estaba sorprendido. Increíble.
-Me he perdido.
Pensamiento se relajó, y le sonrió. No fué una sonrisa amable... fué más bien de superioridad.
-Necesitamos a alguien como tú. Un rebelde entre los rebeldes, un renegado, un proscrito. La típica persona que diría no a lo que estoy a punto de proponerte. Necesitamos... un héroe.
-No.
-¿Lo ves? -Pensamiento sonrió de verdad por primera vez. Se le hacían hoyuelos en las mejillas, y sus ojos se volvían chiquitines y brillantes. Tenía una sonrisa bonita.
Pero Anders no se retractó.
-No soy un héroe.
-No te he dicho que lo seas. No pienso que lo seas. Porque tu tienes razón. No eres un héroe.
Todavía no.

"Y lamenté tener razón."

domingo, 21 de noviembre de 2010

Madison Tense.

>>Rómpeme el corazón. -le susurró una vez.- Rómpelo en mil pedazos, y luego písalos. Quémalos, entiérralos. Olvídalos. O guardalos en algún bote de cristal y quédatelos, ponlos en esa vitrina de trofeos que sé que tienes y dedicate a regodearte en tu victoria. Hazlo, porque, hagas lo que hagas, yo seguiré viva.<<

Maddie se llamaba Madison Tense, y era una importante que un fatídico día intentó matar a Pensamiento. Y digo intentó, porque tres segundos antes de que sacase la pistola, ella se dió cuenta y la redujo. Ya sabemos como es Pensamiento. Maddie era alguien complicado que creaba problemas a su alrededor, porque conocía a Anders y a su historia, porque ejercía sobre Sean un influjo extraño que nadie (excepto ellos dos) entendía, y porque, bueno, había intentado asesinar a Pensamiento, y todo el mundo sabía que eso no está bien.
Y lo peor de todo, era que ninguno de los tres podía matarla, porque, claro, era una importante, aunque fuese su prisionera. Y Maddie pensaba aprovecharse de aquello, pero no había contado con un algo aún más problemático que ella.
Se llamaba Shaff Jeevas, era un pirata, y se la soplaba que Maddie fuese lo que era, porque él vivía de pasarse por el forro las leyes.
El futuro de Madison Tense, alias Maddie, alias Rubita, alias Incordio, pasó a ser desconocido el día que, por alguna razón, intentó acabar con una asesina de la Red.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los misterios de la pequeña Pensamiento

A Pensamiento podrían haberla llamado Amenaza y entonces la cosa tendría más sentido. Pero hubiese sido todavía mejor si su nombre hubiese sido algo como Acción o incluso Verdad.
Pero se llamaba Pensamiento, y bailaba como nadie. Se llamaba Pensamiento y pertenecía a la Red.

Por eso a él nunca le gustó, porque era una propiedad. Porque sabía que si Suerte la llamaba, ella acudiría, aunque tuviese que pasar por encima de alguien. Y eso a él no le hacía gracia.
Pero él se equivocaba con Pensamiento, porque antes que a la Red, se pertenecía a sí misma. Porque antes que a asesinar, había aprendido a bailar. Porque era dura por fuera, y por dentro también. Pero eso él no lo sabía. Solo sabía que era Pensamiento, y pertenecía a la Red. Y ni siquiera era una importante.

Ignoraba de dónde había salido, pero no le importaba, porque a él solo le importaba el presente. Y Pensamiento tenía un pasado y un futuro, pero no tenía lo que él consideraba más importante. ¿Por qué?
Porque Pensamiento vivía tres segundos antes que todo el mundo.

Era la reina del disfraz, aun que no lo sabía.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Its just a jump to the left [and then a step to the right]



Aquella mañana no se encontraba bien. La resaca lo atacó en cuanto abrió un ojo y tuvo consciencia de estar despierto, y ahora amenazaba con quedarse ahí durante todo el día. Sintió que las ganas de vomitar, le ganaban poco a poco el primer puesto a la sed.
Pero no se levantó. No se había movido cuando la boca amenazaba con empezar a arder de lo seca que estaba, no iba a hacerlo por un par de náuseas sin importancia.

Giró la cabeza, y sus ojos se detuvieron en el chico. ¿Al final se había quedado? Sonrió levemente. Claro que se había quedado, con tanto alcohol en el cuerpo...
Y ahora estaba dormido en su habitación. Porque estaba dormido, aquella cara de serenidad, en aquellos tiempos, solo se tenía cuando uno estaba dormido, muerto o drogado. Y el chaval respiraba.
Frunció el ceño. ¿Y cómo es que él estaba vivo? Debería haber muerto el día anterior, y sin embargo, allí estaba. Resacoso, pero vivo. Y se había despertado al lado de alguien. No recordaba bien su nombre, pero era alguien. Un chico dormido a su lado, que ignoraba que él lo miraba , que no sabía que el sol que entraba, perezoso, por la ventana jugaba con su cabello, haciéndolo parecer dorado.

No es oro todo lo que reluce.

Aunque a veces sí.

viernes, 5 de noviembre de 2010

No es oro todo lo que reluce

Tengo vida. Soy un suspiro, un parpadeo. Un pensamiento. Existo.


Siempre fui un personaje curioso.

-No soy un héroe. -susurró él en su oído, sus labios rozando los cabellos castaños de su acompañante; su aliento, cálido, dulce, acariciándole el lóbulo de la oreja.- Eso no se me da bien.

La otra figura ahogó un jadeo. Su aliento era diferente, era frío. Muy frío, y olía a menta. O a hierbabuena, tal vez. Le brillaba el pelo, y la luz de las mortecinas farolas hacía que pareciese dorado.
Y aunque no es oro todo lo que reluce, el asesino no se acercó a aquellos esa noche.
Y él, que no parecía haberse dado cuenta, contestó a la pregunta que le había murmurado su compañero.

-Por supuesto que existe el futuro para mí. Está ahí, es una sombra, una figura, algo difuso.
Esta ahí.
Pero a nadie le importa.