[También puedes llamarme Crista]

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Careine
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Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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miércoles, 22 de diciembre de 2010

November y Naru.

-Eh. Hola tú. ¿Sabes qué, Naru? No he venido a ver cómo te mueres. No, no. Sé que te lo prometí, pero Nitsu está destrozado. Y encima se ha cabreado conmigo. ¿Te lo puedes creer? ¡Conmigo! ¡Porque cree que soy yo la que hizo volar el edificio! Y bueno, sí. Tal vez fuese yo. ¡Pero este no era el resultado que esperaba! ¡Aunque juré que te mataría y en serio, voy a hacerlo! ¡Pero este no es el día! Así que no, no he venido a sentarme en esas horribles sillas de plástico para ver como la palmas aquí y ahora. Se me quedaría el culo plano.

He venido a otra cosa, Naru Hudson. He venido a traerte el paquete de chicles de fresa que te envía el puto borde de Liam, y muchos besos por parte de todos. Me acerco una silla de esas que te he dicho antes, ¿te parece? Sí. Ya lo suponía yo. Menos mal que estás dormida. Si no, ya me hubieses echado de aquí. O me hubiese largado yo. Bueno. Tengo que contarte una cosa.

Russia no puede andar. Liam, su querido Liam utilizó el tercer deseo y… y bueno, pasaron unas cosas y ahora ella no puede andar. Ya te contarán ellos dos con más detalle cuando te recuperes. Por otro lado, Art y Nitsu se llevan cada vez peor y discuten mucho. Sí. Discuten, ellos dos. Nitsu se enfada, y créeme, ni tú querrías ver a Nitsu cabreado, no es agradable. Y Valerie… es gilipollas. Aunque sea vuestra amiga. Créeme, es gilipollas. En fin. No te hablo de mí, porque la verdad es que te importa un huevo lo que me pase, y a mí no me apetece contártelo. De todas maneras, estás aquí inconsciente y yo solo te hablo porque sé que me escuchas y que te jode no poder responderme, y eso me encanta. Ya sabes. Soy November de Ritmia y Wilde, tengo que joder de alguna manera. Tú misma lo dijiste.

En fin.

¿Sabes qué pasa? Que hoy es el cumpleaños de mi hermano Samuel. Uno de los que se murió. No voy a contarte como, porque no me corresponde a mí. Ya te lo contará su asesino, un día de estos. Y bueno, eso. Que estoy algo sensible. Creo. Eso me ha dicho Valerie cuando le he dicho que venía a verte. Pero yo me noto como siempre. Bah.

Venía a contestarte a la pregunta que me hiciste antes de que todo volase por los aires. Qué cojonazos tengo, ¿verdad? Lo sé. Pero antes, tengo que hacerte una propuesta, tengo que hablarte de algo.

Je. Que suerte que no puedas meterme una hostia, porque por dentro te estás muriendo de las ganas, que lo sé yo. Pero bueno.

Te he traído mi anillo. El plateado con la N en la parte de dentro. Ese. Tenemos las manos parecidas, pero por si te viene grande, póntelo en el pulgar. Yo voy a dejártelo en la mesilla. O debajo de la almohada. Ya veré. No te preguntes qué coño hago dándote MI anillo, porque es MÍO y yo tampoco sé por qué te lo doy. Igual es que en el fondo me caes bien. Nah. No sé. Ya te contestaré plus tard. Cuando te despiertes.

Nos quedan cuatro deseos, Naru. Uno por persona. Sospecho que Art ya pidió uno, pero Valerie ha renunciado, o sea que no pasa nada. Tenemos cuatro deseos. Y somos Héroes, Naru. Héroes. Tú, Nitsu, Arthur y yo. Unos Héroes de mierda, pero es lo que hay. Al parecer tenemos una misión. Teníamos siete deseos que nos están puteando pero bien. ¡Y hasta tenemos un enemigo, fíjate! Qué bonito. Bah. También tenemos una cosa con la que nadie contaba. Tenemos elección, Hudson. Podemos elegir. ¿Quieres ser una Heroína? ¿Quieres salvar este puto mundo de mierda de otro Cataclismo? Los chicos ya han elegido. Te toca a ti. Yo… yo me lo pensaré más tarde, porque ni tengo el perfil típico de una Heroína, ni tengo las ganas suficientes de serlo. Nunca se sabe, igual es que me queda un poco de ese sentido del deber del que tanto hablar Liam y Russia. Sí, claro. La verdad es que ahora mismo podría desconectarte y largarme de aquí con viento fresco, y al mundo que le den. Y no lo hago. A ver si van a tener razón…

Bah.

Puedes elegir, Naru. Elige. Elige de una puta vez, porque te queda un deseo, y aún podemos hacer algo. Esa es mi propuesta, pero cuidado, porque no puedes usar tu deseo para despertar. Tienes que usar tu jodida cabezonería para no morir. Tú verás cómo, pero tienes que hacerlo, Hudson.

Y por cierto, con respecto a tu pregunta. Sí que tengo corazón. Está en el lado izquierdo, creo. Y a veces, hasta late.

Y la fría November se fué de la habitación de hospital cinco minutos antes de que Naru Hudson
decidiese que ya estaba bien de hacer el tonto
y que ya era hora de despertar.

sábado, 13 de noviembre de 2010

¿Le late a usted el corazón, señorita de Ritmia y Wilde?

Con un suspiro leve, Nitsu sacó el paquete de tabaco del cajón de la mesilla. Dejando el cigarro colgando en sus labios, le preguntó a November:
-¿Quieres?
-¿Por qué siempre me ofreces, si sabes que no fumo? -la voz de la chica sonaba extraña. Aquello había sido un reproche, pero Novie no había utilizado su tonillo de los reproches. De hecho, Novie parecía... reflexiva, pero ese era un estado que no iba con ella en absoluto.
-¿Te pasa algo?
-Déjalo.
-November...
-Enciendete ese cigarro y cállate, Holland.
Nitsu obedeció mecánicamente, con la vista clavada en la espalda de November, después, pronunció su nombre en voz baja.
-¿Qué?
-Sujetame el cigarro, voy a ponerme los pantalones.
Ella chasqueó al lengua, y extendió dos dedos, agarrando el cigarrillo. Después, volvió a su postura original.
Nitsu se tomó un segundo para mirarla desde donde estaba.
Se había sentado al borde de su cama y la luz que entraba por las persianas bajadas casi del todo, hacía que su silueta se viese recortada contra la oscuridad. Un efecto extraño. Sujetaba el cigarro con un estilo que solo tenía ella, y, como estaba desnuda de cintura para arriba, Nitsu podía ver las cicatrices.
Con un suspiro, se levantó y buscó a tientas sus pantalones, tirados por el suelo. Cuando consuiguió ponérselos, se sentó al lado de la chica, cogiendo el cigarro.
-Hoy es el cumple de Charles. -susurró ella.
-No.
-Sí.
-Me sé el cumpleaños de todos tus hermanos, Novie. Hoy no es el cumpleaños de ninguno.
-¿De todos?
-De todos.
-¿Ah sí? ¿Cuando es el cumpleaños de...?
-No. -cortó Nitsu.- No empieces otra vez. ¿Por qué esto es así siempre?
-¿Así como? -sus ojos bicolores brillaron cuando se volvió para mirarlo.
-Tu me atacas y yo te ignoro. Permanentemente. ¿No te aburre?
Novie entornó los ojos. La cicatriz se arrugó levemente.
-Si me aburriese, no te atacaría, ¿cierto? Si tanto te aburres... Cambia te estrategia.
-¿Quieres que te ataque? -Nitsu enarcó una ceja.
Incluso molesto y con actitud negativa estaba guapo.
-Prueba. -lo tentó November, dándole un beso en la clavícula.
-Muy bien. -le susurró en el oído.- ¿Le late a usted el corazón, señorita de Ritmia y Wilde?
Se hizo el silencio, un silencio denso y pesado. Un silencio terrible. Y se oyó la voz clara de November, en un murmullo, como arrepentida:
-A veces, Nitsu, a veces.

November: 0, Nitsu: 1.

martes, 5 de octubre de 2010

Ser dificil a veces es divertido.

Esa era la opinión de November.
Así que ella era dificil. Dificil de contentar. Dificil de querer. Dificil de olvidar. Sobre todo eso. November era inolvidable para todo el mundo. A nadie podía borrársele de la memoria la penetrante mirada de sus ojos bicolores, el uno violeta intenso y oscuro, como una amatista y el otro rosa, rosa pálido y desvaído, cruzado por la cicatriz, recta y fina.


Oh sí. La cicatriz.
¿Cuántos habían perseguido la historia de aquella marca? Y qué pocos la conocían.


Nitsu era uno de los afortunados.


Pero a Nitsu no le interesaba aquella historia. Opinaba que November era más que eso. Era un montón de palabras bonitas que no querían decir nada bueno. Era una coraza dura. Era un misterio, un puto misterio.


Según Nitsu, November era alguien que merecía la pena intentar.

Pero había otros que opinaban sobre ella.



Naru pensaba que era un zorrón, que era idiota y que Nitsu perdía el tiempo.
Russia se limitaba a sonreír, y a decir que era una tía divertida
Liam solía hacer un comentario sobre sus tetas. Y decía que tenía unas buenas contestaciones.
Art daba la razón a Liam, pero insistía en que no le caía bien
Y Valerie, como siempre, no sabía, no contestaba


Equivocarse es humano, claro está