[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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miércoles, 11 de mayo de 2011

Pero cuidado conmigo, tomo medicación.

Es como el fogonazo de la cámara, el flash de la Polaroid nueva de Ärno. Un instante, y su sonrisa (efímera, algo ácida y algo triste) se ha quedado inmortalizada para siempre. Anna Eva lo mira un poco mal, pero Devon le pasa una de sus manos -fría, helada como la nieve más allá de la ventana- por la espalda, dándole un beso fugaz en el pelo.
Matt se ríe, escandaloso, con los ojos color anochecer brillando por la alegría y el alcohol -sobre todo por el alcohol-y Enzo le mira con un poco de amor, con un poco de rabia, como le ha mirado siempre (solo que ahora se les nota). Es 1991. Ayer era 1990, y mañana, quien sabe. Es el día de año nuevo, y ellos no tienen nada que perder, ya no.
Quizás lo perdieron todo, hace más de un millón de años, hace más de dos, cuando Devon llevaba corona y a Matt no se le veían los ojos, y ella y Ärno conspiraban juntos. Quizás ganaron la guerra.
No se acuerda. Ha pasado mucho tiempo, y ahora ya no hay caballeros y damas. Ahora, por no haber, no hay ni reyes, por lo menos en Finlandia.
Pero ellos siguen allí. >>Para siempre<< susurra Devon en su oído, deslizándole el anillo por el dedo anular. >>Para siempre<< grita Matt, antes de besar a Enzo.
Y ella se lo cree.


(Aunque para siempre suene muy contundente y muy, muy lejano. Pero en eso consiste.)

domingo, 13 de marzo de 2011

Vino tino. De Toscana.

Nosotros no tuvimos champagne porque yo no voy a ningún lado con una botella de alcohol francés en el cuerpo.

A parte de al hospital, claro.

Así que no hubo champagne, pero sí vino. Tinto. De Toscana. No recuerdo si fue una botella o si fueron diez, porque, en el fondo, ¿qué importa?

Un suspiro. El humo del tabaco flota, estático, en la habitación.

No hubo grandes saludos, tal vez no hubo ni siquiera grandes frases. Podría resumirlo en miradas, en gestos, en sensaciones. No hubo disculpas, eso sí que no. Nunca las hay, porque es mucho más interesante la discusión.

(Que tampoco hubo).

Una sonrisa. A lo lejos, alguien abre una ventana, o un balcón -¡que más dará!- y la brisa huele a final de verano.

No sé. Sería Happy Ending mezclada con el vino aquel. Que me pongo sensible (o abandono todo sarcasmo. ¿Es lo mismo?) Tuvimos complicidad, de esa que habíamos perdido. De camino a casa, medio borrachos, sonó (no sé si en mi cabeza o en su móvil) November Rain y…

No sé. Luego vino Don’t Cry, y yo lloré, y te juro, te juro que lo oí cantar.

Otro cigarrillo. El mechero es nuevo.

No tenía una casa de revista de interiores. No recuerdo si el primer beso fue en la puerta, o en el ascensor, o cuando. Solo fue una consecuencia, algo que ya esperábamos.

Y cuando sonó Every Breath You Take, tuve que confesar que no me lo esperaba.