[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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jueves, 3 de febrero de 2011

Que alegría más tonta (y que sangría va a armar Annie)

Que alegría más tonta estar viéndolas venir.

Leto sonríe. Mett disimula las carcajadas como puede. Dylan hace un par de intentos y al final le sale una sonrisa más o menos decente.

A unos cinco metros, Annie tiene una expresión bastante indescifrable en la cara. No lleva camiseta (porque esta enrollada en el antebrazo de Leto, manchada de sangre) y desde la mismísima raíz del pelo negro hasta la piel que se pierde debajo del pantalon vaquero esta colorada. Como un tomate. Y entonces es cuando el aire le sale por la garganta.
-A ver si lo entiendo. -susurra.- Habéis subido a la Superficie. A. Comprarme. Un. Vestido.
A Leto la sonrisa se le hace mucho más grande.
-Exactamente exacto. Feliz cumpleaños, Annie.
Y ella los fulmina con la mirada, primero a Mett, luego a Dylan y, cuando ha reunido suficiente fuerza asesina en las pupilas, a Leto.
Y él, ahora sí, se ríe.

Que difícil ser lo más, que fácil ser elegante.

domingo, 30 de enero de 2011

Espaguetis, Annie, Mett y otras historias.

A Leto han acabado por gustarle los niños de la Calle. Ha acabado por acostumbrarse a ellos, aunque continuen con aquella manía de taparle los ojos para que no vea sus entradas secretas (y es inutil que Leto les explique una y otra vez que si algún día quiere enviar a un ejército de policías al Subterráneo lo hará con vendas en los ojos o sin ellas), aunque Annie insista en que no deben dejarle acercarse a nada mínimamente punzante (excepto tenedores, porque ya tuvo que darle de comer una vez), aunque no confíen en él y lo hallan dejado al cuidado de tres mocosos de mierda (que solo tienen dos años menos que él). Ya casi se ha acostumbrado a la jerarquía de la Calle, a la mala ventilación del Subterráneo y a no ver el cielo. (Y casi casi ha dejado de quejarse, porque cada vez que dice algo sobre ver estrellas, Annie le tira una piedra a la oreja -y Annie es conocida por su puntería- y le dice que si no pueden salir es por culpa de los de la Superficie). Ya casi se ha acostumbrado a comer espaguetis (¡Benditas sean las dotes culinarias de Dylan!) y a pasar frío.
Ha acabado por considerar normales las discusiones entre sus mocosos (porque son suyos, claro está. Le encanta verlos discutir, Annie es muy melodramática).
Ha acabado entendiendo un poco como va la cosa y porque hay pocos adultos allí, y porque Mett a veces llora por debajo de la manta (cuando cree que no lo oye nadie) y Dylan hace oídos sordos a las pullas. Porque ahora sabe que un día los adultos elegidos se van más allá, a las Profundidades y que ese es el destino de Mett (y por eso ni él ni Dylan quieren hablar del tema).
Se ha acostumbrado a los niños de la Calle, a los Abandonados, a los habitantes del Subterraneo. A la torpeza de Mett, a lo silencioso que es Dylan y a Annie. Sobretodo a Annie.
De todas maneras, hay cosas que todavía no ha visto, como cuando la chica vuelve de ver al Comandante hecha una fiera Dios sabe por qué motivos. Y cuando pregunta que qué le pasa, Mett se rie y le contesta:
-Nada. La revolución y esas cosas.

(Leto está tentado de preguntarle a Annie si tiene la regla, pero cuando ve la enorme pistola que lleva, decide que es mejor callarse)

jueves, 27 de enero de 2011

Vale, sí.

Igual Annie ha sido siempre una chiquilla indefensa. Igual Leto ha estado siendo cruel con ella.
Igual se lo merece. Igual el karma existe
Igual eso tiene su lógica, si piensas que Annie es una chiquilla normal y corriente (es decir, si no tienes en cuenta que tiene una pistola enorme y que se la ha puesto a Leto en la sien varias veces). Igual es un poquito violenta, pero el caso es que ahora Annie está llorando. Su Annie. Está llorando.
-
Oh venga, Annie. -susurra- No me hagas esto.
-Eres un gilipollas. -solloza ella, mientras le lanza un adoquín. (Que él esquiva).
Vale, sí.
Igual tiene razón.

domingo, 23 de enero de 2011

Escríbeme

Escríbeme. Como si fuese otra de tus mentiras, como si no fuese más que un cuento. Escríbeme, Annie. Como si no tuvieras otra historia mejor que contar, como si te saliese de las venas (que es de donde vengo, al fin y al cabo). Escríbeme, no como a Leto, sino como a otra de tus invenciones, de tus monstruos, de tus sueños de pesadilla.
Escríbeme, Annie. Me pongo en tus manos. Destrózame, elimina todo rastro de mí que me quedaba (todo lo que todavía no te habías apropiado) y escríbeme otra vez, como algo nuevo.
Escríbeme, Annie, como si fuera tuyo. Como si siempre lo hubiera sido.

(Aunque, ja, eso no te lo crees ni tú).

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los misterios de la pequeña Pensamiento

A Pensamiento podrían haberla llamado Amenaza y entonces la cosa tendría más sentido. Pero hubiese sido todavía mejor si su nombre hubiese sido algo como Acción o incluso Verdad.
Pero se llamaba Pensamiento, y bailaba como nadie. Se llamaba Pensamiento y pertenecía a la Red.

Por eso a él nunca le gustó, porque era una propiedad. Porque sabía que si Suerte la llamaba, ella acudiría, aunque tuviese que pasar por encima de alguien. Y eso a él no le hacía gracia.
Pero él se equivocaba con Pensamiento, porque antes que a la Red, se pertenecía a sí misma. Porque antes que a asesinar, había aprendido a bailar. Porque era dura por fuera, y por dentro también. Pero eso él no lo sabía. Solo sabía que era Pensamiento, y pertenecía a la Red. Y ni siquiera era una importante.

Ignoraba de dónde había salido, pero no le importaba, porque a él solo le importaba el presente. Y Pensamiento tenía un pasado y un futuro, pero no tenía lo que él consideraba más importante. ¿Por qué?
Porque Pensamiento vivía tres segundos antes que todo el mundo.

Era la reina del disfraz, aun que no lo sabía.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Its just a jump to the left [and then a step to the right]



Aquella mañana no se encontraba bien. La resaca lo atacó en cuanto abrió un ojo y tuvo consciencia de estar despierto, y ahora amenazaba con quedarse ahí durante todo el día. Sintió que las ganas de vomitar, le ganaban poco a poco el primer puesto a la sed.
Pero no se levantó. No se había movido cuando la boca amenazaba con empezar a arder de lo seca que estaba, no iba a hacerlo por un par de náuseas sin importancia.

Giró la cabeza, y sus ojos se detuvieron en el chico. ¿Al final se había quedado? Sonrió levemente. Claro que se había quedado, con tanto alcohol en el cuerpo...
Y ahora estaba dormido en su habitación. Porque estaba dormido, aquella cara de serenidad, en aquellos tiempos, solo se tenía cuando uno estaba dormido, muerto o drogado. Y el chaval respiraba.
Frunció el ceño. ¿Y cómo es que él estaba vivo? Debería haber muerto el día anterior, y sin embargo, allí estaba. Resacoso, pero vivo. Y se había despertado al lado de alguien. No recordaba bien su nombre, pero era alguien. Un chico dormido a su lado, que ignoraba que él lo miraba , que no sabía que el sol que entraba, perezoso, por la ventana jugaba con su cabello, haciéndolo parecer dorado.

No es oro todo lo que reluce.

Aunque a veces sí.

viernes, 5 de noviembre de 2010

No es oro todo lo que reluce

Tengo vida. Soy un suspiro, un parpadeo. Un pensamiento. Existo.


Siempre fui un personaje curioso.

-No soy un héroe. -susurró él en su oído, sus labios rozando los cabellos castaños de su acompañante; su aliento, cálido, dulce, acariciándole el lóbulo de la oreja.- Eso no se me da bien.

La otra figura ahogó un jadeo. Su aliento era diferente, era frío. Muy frío, y olía a menta. O a hierbabuena, tal vez. Le brillaba el pelo, y la luz de las mortecinas farolas hacía que pareciese dorado.
Y aunque no es oro todo lo que reluce, el asesino no se acercó a aquellos esa noche.
Y él, que no parecía haberse dado cuenta, contestó a la pregunta que le había murmurado su compañero.

-Por supuesto que existe el futuro para mí. Está ahí, es una sombra, una figura, algo difuso.
Esta ahí.
Pero a nadie le importa.

domingo, 31 de octubre de 2010

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres

Me hubiese gustado decirte adiós como es debido, haber tenido contigo una de esas despedidas que suelen poner en las peliculas romanticonas que tanto odio. Pero las cosas están muy dificiles ultimamente, y a mi se me quitan las ganas de pequeños detalles.

Me hubiese gustado tener la oportunidad de decirte a la cara todo lo que siempre pensé de tí, lo mala persona que podías llegar a ser. Pero, como siempre, las ideas llegan a destiempo, y mal.

Me hubiese gustado regalarte el cielo, aunque solo hubiese sido un trocito pequeño, porque seguiría siendo el cielo, y ese es un regalo que no tiene nadie.
Pero las cosas se han complicado mucho últimamente, y ya no es tan fácil robar cosas que flotan.

Me hubiese gustado decirte: Te quiero, al menos solo una vez, porque ahora ya no puedo decirtelo.
Ya sabes que a mí no me gusta mentir.

martes, 26 de octubre de 2010

Nunca he sabido disparar correctamente. La pistola se me cae de las manos, o estas me tiemblan, o apreto tarde el gatillo. O directamente, ni lo encuentro.
Creo que eso dice mucho de mí, aunque no tenga claro si es bueno o malo. Nunca he sabido disparar bien, y nunca sabré.
Debería ser más rápida.
No supe dispararte a tí, pero tú tampoco pudiste. Estamos en paz.


Aunque eso no me reconforte en absoluto.