[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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martes, 1 de marzo de 2011

Un enfado, una botella, y un derechazo.

Y la verdad es que Scarlet Keynes no se solía enfadar, salvo en contadas ocasiones muy especiales (Nochevieja, Navidad y cuando la botella de vodka del salpicadero se acababa y no se rellenaba mágicamente). Y pocos de sus amigos lo habían visto cabreado (porque aquella vez que tumbó a JD de un puñetazo no cuenta porque el pobre JD no se acuerda). Tal vez Marty, que tuvo que sujetarlo en aquel bar, cuando casi se abren la cabeza él y Dallas (que peleaba a su lado).
Y eso hacen tres. (Que es un número mágico y lo sabe todo el mundo)

Sí, Scarlet Keynes no se solía enfadar, para nada. Él estaba demasiado por encima.
Pero Brandy estaba advertida, oh, sí. Por eso, cuando él volvió a entrar en el coche, las manos apretando el volante hasta que los nudillos se volvieron blancos y la cara rojarojaroja y la botella de vodka vacía sobre el salpicadero, y el coche que no arrancaba, Brandy se dedicó a mirarle jurar en voz baja con todo el descaro del mundo.
-No me mires así, Brandy. -le soltó. Y el espacio se arremolinó, un poquito, en el hueco vacío que había dejado la palabra Brandy, sustituyendo a otra mucho más mágica. La primera vez que Scarlet no llamó a Brandy encanto, ella le soltó un derechazo.
Y a Scarlet se le pasó el enfado.

A veces él era un poco niño pequeño, y otras consideraba el ir a cantarle su amor
a la ventana de Brandy.
Pero solo hasta que se dió cuenta de que la señorita Aston Martin
no era su amada.
Siempre fue más, mucho más.
(Aquel día Scarlet casi estampa el coche. Otra vez)

lunes, 21 de febrero de 2011

Próxima parada: El fin del mundo

Por cosas como Brandy Aston Martin, Scarlet Keynes casi estampó su coche. Pero es que Brandy siempre mereció la pena, mucho más que cualquier otra cosa.
Por Brandy, Scarlet hubiese renunciado a la botella de vodka del salpicadero, a las carreras nocturnas, a sus zapatillas rojas (solo por un día). Por eso, en uno de esos días de silencio profundo, después de un "Te llevo, encanto", ella le preguntó, sentada en el asiento de alante:
-¿Y a dónde se supone que me llevas, Scarlet?
-A donde quieras, encanto. Incluso al fin del mundo.

viernes, 7 de enero de 2011

Un tal Scarlet Keynes y sus zapatillas rojas

La primera vez que JD le habló de Brandy, Scarlet Keynes casi estampa el coche. Dallas se hizo un buen chichón con la frente con la luna delantera, y él casi lo mata por haberle hecho daño a su Cevrolet.
>>Es casi tan peculiar como tú.<< Así se lo había dicho JD, sabiendo que le costaría muy poco picar la famosa curiosidad de Scarlet. Se lo contó todo, desde los punteos de guitarra hasta el derechazo que le había soltado, pasando por una detallada descripción de su maestría con los puentes (hasta que Dallas se cansó y lo amenazó con pegarle un botellazo. Scarlet comentó que no sería con la botella del salpicadero). Así iba a ser la cosa. Scarlet Keynes y su magnetismo a la hora de hablar iban, tal vez, a verse amenazados por una chica que se apellidaba Aston. Iba a ser un reto, y a Scarlet los retos solían gustarle. Pero también era fácil decepcionarlo. No quería que nada a lo que le dedicase más de dos segundos y medio fuese aburrido, o típico. Por eso, cuando la señorita Aston (a partir de ahora Encanto) lo hizo callar por primera vez, él se sorprendió.
Scarlet tenía el listón muy alto para todo. A veces demasiado. Pero le gustaba vivir a toda velocidad, y por eso no malgastaba un solo segundo en nada que no valiese la pena.
Le gustaba demasiado su vida como para estar Derrotado. Así que echó a Dallas y a JD del coche con la promesa de que intentaría llamarlos más tarde, le dió un trago enorme a la botella de vodka y salió disparado hacia la calle Madison. Y allí estaba ella, andando en dirección al cruce.
Pisó a fondo el acelerador y le dió otro trago a la botella de vodka.
Pero Brandy aún quemaba más, mucho más.