Y eso hacen tres. (Que es un número mágico y lo sabe todo el mundo)
Sí, Scarlet Keynes no se solía enfadar, para nada. Él estaba demasiado por encima.
Pero Brandy estaba advertida, oh, sí. Por eso, cuando él volvió a entrar en el coche, las manos apretando el volante hasta que los nudillos se volvieron blancos y la cara rojarojaroja y la botella de vodka vacía sobre el salpicadero, y el coche que no arrancaba, Brandy se dedicó a mirarle jurar en voz baja con todo el descaro del mundo.
-No me mires así, Brandy. -le soltó. Y el espacio se arremolinó, un poquito, en el hueco vacío que había dejado la palabra Brandy, sustituyendo a otra mucho más mágica. La primera vez que Scarlet no llamó a Brandy encanto, ella le soltó un derechazo.
Y a Scarlet se le pasó el enfado.
A veces él era un poco niño pequeño, y otras consideraba el ir a cantarle su amor
a la ventana de Brandy.
Pero solo hasta que se dió cuenta de que la señorita Aston Martin
no era su amada.
Siempre fue más, mucho más.
(Aquel día Scarlet casi estampa el coche. Otra vez)
a la ventana de Brandy.
Pero solo hasta que se dió cuenta de que la señorita Aston Martin
no era su amada.
Siempre fue más, mucho más.
(Aquel día Scarlet casi estampa el coche. Otra vez)
