[También puedes llamarme Crista]

Mi foto
Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
Mostrando entradas con la etiqueta Radiografías al alma. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Radiografías al alma. Mostrar todas las entradas

jueves, 10 de febrero de 2011

De puntillas pa' tocar...

Con la mano levantá
Si me alzases un poco más alto, y yo le perdiese al miedo todo el respeto que le tengo, seguro que tocaba el cielo de sobra y me pasaba tres pueblos (que no tres metros, porque eso está lleno de gente). Si me saltase un poquito más arriba seguro que me daba un cabezazo contra el Sol, como Ícaro, y se me ponía un ojo de cada color, como en la serie de dibujos. (Mientras no adquiera las orejas de Merlin o la idiotez de Arthur, me vale). Igual si me paso del Sol y juego un rato (un rato pequeño, no está la cosa como para perder un tiempo que no tengo) al golf en la Luna y luego me agarro al tubo de escape de la Death Star para que me remolquen un par de años luz hacia arriba, consigo guardarme una nube en el bolsillo. Igual, si consiguiesemos seguir saltando (los dos juntos, sí, ¿por qué no?) conseguimos ver a nuestras corduras allí, en la Tierra, y las saludabamos con la mano, ¿qué te parece?
Tocaré
Igual podría tirarme del Tejado, creyendo en esa fe que tienes tú en que las alas de la espalda me funcionan y agarrarte fuerte, muy fuerte, y bueno, eso.
Sería genial.

Pero ahora, Abel, te agredecería que me dejases en el suelo
.
Por favor.
El cielo

lunes, 17 de enero de 2011

De por qué Abel nunca mataría a su Peor Enemiga

El Tejado era el sitio a donde iba Vega cuando no quería saber nada de nadie. Casi nadie la seguía hasta allá porque Sirius estaba bajo amenaza y Belladona tenía vértigo. El Tejado era de tejas rojas y cubría una casa vieja y baja que había abandonada cerca del río, en el bosquecillo. Vega siempre se manchaba el culo de los vaqueros cuando iba, pero le daba lo mismo.
Le encantaba el Tejado. Allí habían tenido lugar sus mejores revelaciones.
Odiaba el Tejado. Abel Reih estaba empeñado en robarle el sitio.

No olvidemos que Vega y Abel eran Enemigos a Muerte Para Siempre. (Algo parecido a Friends for ever pero más fuerte).

Así que allí estaban, el lunes por la tarde.
-¿No tienes deberes? -le preguntó Abel, con aquella sonrisa que tanto le encanta... que tanto odiaba, al mismo tiempo.
-¿Y tú? -le contestó ella, con un gruñido, apoyando la cabeza en su brazo.
-Nah.
-¿Qué tal tus padres?
-Se pelean.
-Eso ya lo sé.

Abel y Vega se conocían desde los dos años. Su enemistad era algo bien forjado y meditado.

-Ya. -Abel se quedó un rato callado (Mala Señal donde las haya) antes de añadir- ¿Qué pasaría si te tirase ahora del Tejado?
Vega se levantó y anduvo (como una bailarina, como si en cualquier momento fuese a batir las alas tatuadas de su espalda y a echar a volar) hasta el borde y desde allí le miró a los ojos.
-Empújame fuera del tejado, Abel.
En los labios de él asomó su sonrisa y se acercó a su Peor Enemiga para agarrarla por la cintura

(para Abel el cuerpo de Vega era tan familiar como el suyo propio, y viceversa)
y darle un beso de los suyos en la mandíbula.
-No me atrevería a tirarte de aquí, Lyra. Este es tu sitio, y sería como profanarlo. Además, seguro que tu espíritu volvería solo por que no me has atormentado lo suficiente

domingo, 19 de diciembre de 2010

¿Sabes quién?

Dale tres razones para sonreír, tres razones para respirar, tres razones para seguir viviendo y tres razones para pegarse un tiro. Y te la habrás ganado.

Es la chica que espera a Belladona en la parada del autobús todas las mañanas. La pequeñita, del abrigo negro con botones y el gorro de lana, rojo como el fuego. La de pelo color caoba y ojos casi dorados y enormes. ¡La de las converse azules!

Vega. Vega Lyra, la que tiene nombre de estrella y pecas en la nariz. La de las gafas de sol de montura plateada que solo lleva en invierno. La que estudia el bachiller tecnológico “porque me da la gana y punto”. La que vive prácticamente en casa de Belladona (excepto los sábados, que es cuando la otra se pasa a dormir, comer, y en general, respirar a su casa), la que siempre va con ella. Su mejor amiga. La que se sienta al lado de Sirius, el hermano de ésta, en todas las clases, porque, bueno, Vega es la que sabe los secretos de todo el mundo y Sirius no es una excepción.

Vega. La que espera ser arquitecta algún día, la que sueña con volar, la optimista, la que solo tiene dos enemigos declarados, Vecino Cabrón (cuyo nombre completo es: Vecino Cabrón de Belladona y Sirius que Aún Encima Está Bueno El Muy Gilipollas) y Abel Reih. (¡Ah, y por supuesto el Perro Horrible De La Abuela!).

Esa es la Vega de la que hablo. La actriz. La que está escondida detrás de una cortina de humo, hecha a prueba de sopladores expertos (Excepto tal vez de Abel Reih, pero no va a atreverse a probar.) Esa, precisamente esa.

(También es la que tiene tatuadas unas alas de golondrina en la espalda, por si algún día tiene que echar a volar.)

miércoles, 8 de diciembre de 2010

Pongamos que.

Pongamos que se llama Belladona, como la planta, y que es tan venenosa como ella. Pongamos que tiene el pelo dorado, que se le riza a la mínima y que lo lleva largo. Pongamos que le gusta hacerse una trenza en el lado izquierdo de la nuca con todo el pelo y un coletero de color morado en la punta. Pongamos que tiene una sonrisa tan bonita como sus ojos verdes. Pongamos que lleva tres aros en la oreja derecha y en la izquierda solo uno. Pongamos que cuando habla, gesticula un poco con las manos, para acompañar la cadencia de esa voz suave, firme y fría.

Pongamos que es una de las chicas más guapas del instituto, que es muy inteligente y que se le dan bien el latín, el inglés y el francés. Pongamos que se sienta al final de la clase, entre la ventana y ese chico de pelo negro que habla poco. Pongamos que vive en un ático, que tiene un hermano mellizo y una madre divorciada que gana lo suficiente como para que vivan sin preocuparse por el dinero. Pongamos que no sabe casi nada de su padre, salvo que sigue pasándole una pensión a su madre todos los meses.

Pongamos que es una embustera. Pongamos que si algún día se muerde la lengua, se envenenará. Pongamos que tiene como arma de emergencia una sonrisa de reptil, que significa un “No-Me-Importa”. Pongamos que no se preocupa por (casi) nada. Pongamos que ni siquiera tiene corazón como para que lata.

Pongamos esto, porque no hace falta mucho más. Pongamos esto y tendremos a Belladona, la terrible, la magnífica.

(Pongamos también que tiene un vecino al que odia con toda su alma. Sí, añadamos eso. Es de lo más interesante…)