Es como el fogonazo de la cámara, el flash de la Polaroid nueva de Ärno. Un instante, y su sonrisa (efímera, algo ácida y algo triste) se ha quedado inmortalizada para siempre. Anna Eva lo mira un poco mal, pero Devon le pasa una de sus manos -fría, helada como la nieve más allá de la ventana- por la espalda, dándole un beso fugaz en el pelo.
Matt se ríe, escandaloso, con los ojos color anochecer brillando por la alegría y el alcohol -sobre todo por el alcohol-y Enzo le mira con un poco de amor, con un poco de rabia, como le ha mirado siempre (solo que ahora se les nota). Es 1991. Ayer era 1990, y mañana, quien sabe. Es el día de año nuevo, y ellos no tienen nada que perder, ya no.
Quizás lo perdieron todo, hace más de un millón de años, hace más de dos, cuando Devon llevaba corona y a Matt no se le veían los ojos, y ella y Ärno conspiraban juntos. Quizás ganaron la guerra.
No se acuerda. Ha pasado mucho tiempo, y ahora ya no hay caballeros y damas. Ahora, por no haber, no hay ni reyes, por lo menos en Finlandia.
Pero ellos siguen allí. >>Para siempre<< susurra Devon en su oído, deslizándole el anillo por el dedo anular. >>Para siempre<< grita Matt, antes de besar a Enzo.
Y ella se lo cree.
(Aunque para siempre suene muy contundente y muy, muy lejano. Pero en eso consiste.)
