[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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viernes, 4 de marzo de 2011

Picores en el corazón

Intentemos de nuevo un 1oo% o murámonos los dos en el intento.

(Lo dejo a vuestra interpretación)

viernes, 19 de noviembre de 2010

À mon avis

>>-Sophia Sand nunca encontró el camino a casa. Blaze nunca supo que lo buscaba, porque Sophia nunca le dejó ayudarla a encontrarlo.
Sophia Sand era una niña perdida que, una mañana, decidió que podía mirar al futuro mientras buscaba su pasado. Pocos se plantean hacerlo, casi ninguno consigue realizarlo.
Por supuesto, Sophia pudo.
Sophia Sand pintó una mañana una sonrisa en la cara de la Mentira. Y así se quedó, hasta que Mentira fué rota.
Sophia Sand nunca robó un cielo. No le gustan las nubes, ni los aviones que tiran bombas. Eso todo el mundo lo sabe.
Sophia Sand quiso. Sophia Sand amó. Sophia Sand odió. Sophia Sand maldijo, y estoy convencido de que, en ocasiones, Sophia Sand también lloraba.
Sophia Sand, aunque muchos no lo crean...
Era humana
Es un hecho.
Y como es humana, se que vosotros no la habeis matado.<<
Blaze el desmemoriado, Rebelde, heredero de Sonnë.

sábado, 23 de octubre de 2010

Imprevisibles.

Tú nunca supiste de que iba la cosa. Nunca, nunca, nunca. Tú, que lo sabías todo sobre nada. Tú, que te limitabas a analizar nuestras vidas. Tú, Sophia Sand, que no formabas parte de la familia Sky, pero que conocías todas sus intenciones. Tú, que te diste cuenta que Vlad nos necesitaba para sobrevivir, aunque era un vampiro. Tú.
Tú que nunca sonreías cuando Vlad traía bombones y flores a casa para todos. Tú, que te lo llevabas aparte, muy seria, y le preguntabas que qué coño le pasaba.
"En mi casa, cuando me tratan de usted, o me han jodido, o me van a joder."
Siempre decías lo mismo para explicar tus acciones con Vlad. Pero yo sé la verdad. Tu, Sophia Sand, no sabías que demonios pasaba.

Y nadie iba a contártelo, porque si algún día te enterabas...

Ibas a matarnos a todos. Porque destilabas veneno por todos los poros de tu piel. Y lo sabías.
Y nunca te importó.

Porque eras las dos caras de una moneda... A la vez.