[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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miércoles, 11 de mayo de 2011

Pero cuidado conmigo, tomo medicación.

Es como el fogonazo de la cámara, el flash de la Polaroid nueva de Ärno. Un instante, y su sonrisa (efímera, algo ácida y algo triste) se ha quedado inmortalizada para siempre. Anna Eva lo mira un poco mal, pero Devon le pasa una de sus manos -fría, helada como la nieve más allá de la ventana- por la espalda, dándole un beso fugaz en el pelo.
Matt se ríe, escandaloso, con los ojos color anochecer brillando por la alegría y el alcohol -sobre todo por el alcohol-y Enzo le mira con un poco de amor, con un poco de rabia, como le ha mirado siempre (solo que ahora se les nota). Es 1991. Ayer era 1990, y mañana, quien sabe. Es el día de año nuevo, y ellos no tienen nada que perder, ya no.
Quizás lo perdieron todo, hace más de un millón de años, hace más de dos, cuando Devon llevaba corona y a Matt no se le veían los ojos, y ella y Ärno conspiraban juntos. Quizás ganaron la guerra.
No se acuerda. Ha pasado mucho tiempo, y ahora ya no hay caballeros y damas. Ahora, por no haber, no hay ni reyes, por lo menos en Finlandia.
Pero ellos siguen allí. >>Para siempre<< susurra Devon en su oído, deslizándole el anillo por el dedo anular. >>Para siempre<< grita Matt, antes de besar a Enzo.
Y ella se lo cree.


(Aunque para siempre suene muy contundente y muy, muy lejano. Pero en eso consiste.)

jueves, 3 de febrero de 2011

Que alegría más tonta (y que sangría va a armar Annie)

Que alegría más tonta estar viéndolas venir.

Leto sonríe. Mett disimula las carcajadas como puede. Dylan hace un par de intentos y al final le sale una sonrisa más o menos decente.

A unos cinco metros, Annie tiene una expresión bastante indescifrable en la cara. No lleva camiseta (porque esta enrollada en el antebrazo de Leto, manchada de sangre) y desde la mismísima raíz del pelo negro hasta la piel que se pierde debajo del pantalon vaquero esta colorada. Como un tomate. Y entonces es cuando el aire le sale por la garganta.
-A ver si lo entiendo. -susurra.- Habéis subido a la Superficie. A. Comprarme. Un. Vestido.
A Leto la sonrisa se le hace mucho más grande.
-Exactamente exacto. Feliz cumpleaños, Annie.
Y ella los fulmina con la mirada, primero a Mett, luego a Dylan y, cuando ha reunido suficiente fuerza asesina en las pupilas, a Leto.
Y él, ahora sí, se ríe.

Que difícil ser lo más, que fácil ser elegante.

domingo, 31 de octubre de 2010

Y morirme contigo si te matas, y matarme contigo si te mueres

Me hubiese gustado decirte adiós como es debido, haber tenido contigo una de esas despedidas que suelen poner en las peliculas romanticonas que tanto odio. Pero las cosas están muy dificiles ultimamente, y a mi se me quitan las ganas de pequeños detalles.

Me hubiese gustado tener la oportunidad de decirte a la cara todo lo que siempre pensé de tí, lo mala persona que podías llegar a ser. Pero, como siempre, las ideas llegan a destiempo, y mal.

Me hubiese gustado regalarte el cielo, aunque solo hubiese sido un trocito pequeño, porque seguiría siendo el cielo, y ese es un regalo que no tiene nadie.
Pero las cosas se han complicado mucho últimamente, y ya no es tan fácil robar cosas que flotan.

Me hubiese gustado decirte: Te quiero, al menos solo una vez, porque ahora ya no puedo decirtelo.
Ya sabes que a mí no me gusta mentir.

viernes, 8 de octubre de 2010

Little Nolwenn Silence

Si quieres bailamos, me pongo los zapatos y me llevas...


Nolwenn era el Silencio. Sigilosa, de pasos inaudibles. Nolwenn era tranquila, como un lago de agua cristalina. Era la calma que venía después de la tempestad (ese solía ser Dave). Todas las puertas se cerraban sin ningún ruido a sus espaldas, incluso la del baño de casa de Ai, que no había manera de que no se arrastrase. Todos los cacharros de la cocina que utilizaba para cocinar-¡Nolwenn cocinaba realmente bien!- eran completamente silenciosos, ningún plato ni ningún vaso se chocaban entre ellos. Cuando ella entraba, la estruendosa lavadora de la cocina de Dylan dejaba de zumbar y de hacer ruidos. Pero Nolwenn no era desagradable, ni seca. El silencio alrededor de Nolwenn era cómodo y agradable. Era un silencio familiar. Podías cogerlo y amoldarlo a tu manera. Era el silencio de Nolwenn. Se podía sentir, se podía tocar. Porque era el suyo.
Pero había detalles sobre ella que eran curiosos. Le gustaba cocinar. Hablaba con un perfectísimo acento muchísimas lenguas. Le gustaba quedarse a dormir en casa de Dylan, porque aunque ella era muy ordenada, le encantaba el desorden que había allí. Le gustaba bailar.
Y escuchaba heavy metal a todo volumen.