[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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domingo, 9 de enero de 2011

Estrella fugaz numero uno

(...) También puedes llamarla Luciérnaga, así la llama todo el mundo

Me gustaría hablaros de la Primera estrella fugaz. De Luciérnaga y su mirada clara, de su lengua más afilada de lo que parecía, de lo que escondía su mente.


Pero no puedo.
No tengo ni idea de quien es ella. ¿Lo sabes tú?



Tendremos que dejar que sea ella la que se labre su propia historia

miércoles, 5 de enero de 2011

Estrella fugaz número dos

-Céfiro Brooks. Veintiún años. Amnésico por elección propia.

Luciérnaga siempre supo que Céfiro ocultaba muchas más cosas detrás de aquellos ojos dorados de las que todo el mundo pensaba.
Pero por supuesto, nunca le dijo nada mediante la palabra, porque Céfiro era experto en negar con la cabeza y no contestar nunca. La verdad, había pocas cosas que se le dieran tan bien como eso.
Negar con la cabeza, huir de la vida y no parar jamás
.
Nadie se lo reprochaba, y Luciérnaga nunca se preguntó por qué. Hasta que una mañana de invierno, Céfiro entró en su habitación, tiró las mantas al suelo y la despertó sin ningún miramiento.
>>Nos vamos, Luciérnaga.<<
Y cuando estuvo lista la cogió de la mano y la sacó del cuartel, y de la ciudad, llevándola por callejones, doblando esquinas aleatoriamente, pásando por delante de policías que fingían no verlos, hasta que llegaron a una calle principal y él llamó a un taxi, que se detuvo al segundo. Él le indicó que al Moon Tabern, ese bar grande que había en la carretera, en medio de niguna parte y que tenían un poco de prisa. El taxista condujo al doble de kilómetros por hora de lo permitido. Y no le cobró, es más, le dió las gracias.
Luciérnaga no era tonta. ¿Quién era Céfiro? Hubiese dado un mundo por saber que es lo que había detrás de esos ojos dorados y grandes, de mirada tranquila, que seguro que podrían contarle una buena historia. La historia de por qué tenía el pelo blanco, casi con reflejos color turquesa, y de por qué podía
negarle al jefe respuestas cuando nadie podía permitirselo. La historia de por qué todos bajaban la vista por las calles, y de por qué, aún así, él trataba a todo el mundo con mucha amabilidad, y a la mayoría con cariño. Y cuando llegó Road, tampoco hubo demasiadas respuestas. Y cuando llegó (o llegaron a) Troy, no hubo ninguna. Nadie sabía que había detrás de aquel comportamiento, porque pocos sabían algo sobre Céfiro, aquel ser tranquilo en apariencia. ¿Cuanto tiempo tardaron en descubrir que Céfiro era, en realidad, lo que era?

(Aparte de un misterio. Me refiero a esa lista de cosas que ni siquiera Road Carbuncle sabía).

lunes, 27 de diciembre de 2010

Estrella fugaz número tres.

-Eh, Road Carbuncle, me parece que te busca la policía.

¿Cuanto medían los tacones? ¿Doce centímetros y medio? Sí, puede ser. Eran del mismo color escarlata que los labios, ¿verdad? Probablemente. ¿Y el perfume? No era vainilla, y tampoco chocolate. Cerezas, tal vez. No. Pimienta negra. Eso es, perfume de pimienta negra. A Luciérnaga no le gustó. No le gustó cuando entró por la puerta del Moon Tabern con el cigarrillo a medio consumir entre los dedos índice y corazón y la chaqueta de cuero desgastada y mal abrochada. Y no le gustó cuando entró y, directamente, abrazó a Céfiro.
Porque, al fin y al cabo ¿quien era ella? Una fugitiva, una extraña que se movía como si fuera la reina del cotarro. Ella era la versión extraoficial, una muy buena historia.
Tenía una risa extraña, que sonaba ronca porque la utilizaba más bien poco (por no decir nunca), el pelo fatal cortado, y una mirada inquietante. Luciérnaga lo notó en cuanto se miraron a los ojos por primera vez y vió aquellos iris de color rojo apagado.
Pero lo que mas le molestó de ella fueron sus maneras. Se comportaba como si el mundo fuera suyo, miraba mal a aquellos que le dirigían miradas curiosas, era amabilísima con Céfiro... Y a ella la trataba bien. Correctamente. De manera educada, incluso. Y aquello no era justo, porque si eres de una manera, lo eres con todo el mundo, según Luciérnaga. Y además, para ser una buscada por la policía, aquella chica no tenía ninguna prisa.
Y además, tenía un coche que no le iba para nada. Porque cuando tu sales al descampado que había para aparcar los coches y ves a una chica como ella al lado de un enorme todoterreno lo primero que haces es mirar al otro lado y buscar su coche. Pero no.
¿Cuantas maletas había en el maletero? Tres, eran tres. La de la ropa, la del portatil y la otra, que era todo un misterio.

¿Quién era Road Carbuncle?
Luciérnaga y Céfiro todavía no están seguros.