[También puedes llamarme Crista]

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Careine
Indefinible (que no indefinida)
Y podrías llamarlo el fin del mundo...
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viernes, 17 de diciembre de 2010

(Y a mí...)

Tengo el estómago tan encogido, tan encogido, tan encogido, que joder, tengo hambre.
>>Ana Eva (Reina de la Mala Leche)


-Me gustaría matar(te), pero Suerte no me deja.
>>Pensamiento Rourke (Una Asesina Que Sabe Bailar Que Te Cagas)

-Y a mi me gustaría que tuvieses sentido, y eso no puede ser.
>>Anders (El Héroe Al Que No Le Queda Más Remedio.)

-Y a mí me gustaría que os callaseis, porque llevo una resaca del copón.
>>Shaff Jeevas (Un Pirata Que Se Muere Por Una Botella De Vodka)


(Y a Maddie le hubiese gustado continuar durmiendo, y que Sean siguiese con ellos)

martes, 14 de diciembre de 2010

Maddie, esa pregunta es demasiado obvia

-¿Qué tal se te dan los finales, Jeevas?


En todas partes siempre hay un iluminado que señala al cielo y un montón de gilipollas que miran el dedo. Y luego está los genios que aprovechan y roban todas las carteras que pueden mientras todos se despistan.
Shaff Jeevas era el mejor en la última disciplina (y eso que señalar no se le daba nada mal.)

Shaff era un pirata. Uno de los de verdad, de esos que no llevan parche ni cojean o arrastran una pata de palo. No llevaba un loro al hombro, pero si tenía un pendiente en la oreja, y la piel quemada por el sol y la brisa marina. No tenía un vozarrón profundo y ronco, pero sí que tenía un buen estómago para la bebida. Le gustaban el ron y el vino, pero cuando aparecía en escena una buena botella de vodka, con ese sabor ardiente y aquel color tan engañoso, transparente como el agua, el esbozaba una pequeña sonrisa de placer, y se apresuraba a cogerla, antes de que otro pudiese hacerse con ella. Shaff era más bien delgaducho y no muy alto, se afeitaba todos los días, así que carecía de aquella barba enmarañada que tienen muchos capitanes de barco.


Pero es que Shaff no era capitán. Shaff no era el segundo de a bordo. Y lo que es todavía más curioso, Shaff no era el último mono.
Shaff era un alternativo. Hay uno en cada barco. Se enteraba de todo. Y manejaba sus armas como el mejor, aunque considerase que es mucho más inteligente huir que enfrentarse y arriesgarse a morir. No lo malinterpreteis, él no era un cobarde. (O tal vez sí, pero eso no importa.)


Shaff era un pirata. Un pirata verdadero. Se emborrachaba y se lo pasaba bien. Cantaba fatal, y aún tocaba peor la guitarra. Tenía un arsenal debajo de la cama, pero su arma más peligrosa era la palabra. Se le daba bien guiñar el ojo, o pasar por un chico que en su vida ha roto un plato.


Shaff era todo un pirata. ¿Y qué hace un pirata en tierra firme, tan lejos del mar?

    Nadie tenía ni idea, y nadie tuvo nunca el valor de preguntárselo.
    Hasta que Maddie cayó en sus vidas.

-¿A mí? De puta madre, Rubita. Como todo.
(Shaff Jeevas nunca acabó de cogerle el tranquillo a aquello de decir la verdad, pero bueno.)


lunes, 6 de diciembre de 2010

Cuando conocí a Pensamiento, lo primero que se me pasó por la cabeza fué
"Mierda, me ha calado."

-
¿De qué me sirve preguntarte como has sabido que vivía aquí? -prosiguió él, con la mirada clavada en los ojos azules de Pensamiento.- Seguro que esa maldita puta de Suerte se ha encargado de darte mi expediente. Bah.
Tres segundos antes de que se le ocurriese pensar en las consecuencias de lo que había dicho, tenía una pistola apuntándole a la cabeza.
-No insultes a Suerte. -siseó ella.- Nunca. Te lo advierto.
-Con tranquilidad, pequeña Pensamiento. -contestó él, con una sonrisa enigmática.- Yo no estoy solo, y nunca se sabe...
-¿Qué? -ella vaciló un segundo. Dos después, el chico con el que había pasado la noche, (¡Sean!), entró en el salón, con una toalla alrededor de la cintura, y secándose el pelo con la mano.
-...¿Anders?
-Tranquilo, Sean. No pasa nada. Te presento a Pensamiento. Pensamiento, el es Sean.
-Encantado.
Pensamiento se volvió para observar mejor al joven. Y abrió mucho los ojos, sorprendida, y casi asustada. Ni siquiera notó que Anders le quitaba el revolver. Solo se quedó ahí, sorprendida.
Sean la miró, entre asustado y arrepentido.
-No sabe nada. -murmuró.
La chica pareció volver a la normalidad con aquellas palabras.
-Me imagino. -respondió fríamente.- Ya te hubiese echado.
-¿De qué va todo esto? -interrumpió Anders, ahora molesto de verdad.
-Nada. -la voz de la joven sonó cortante, muy cortante.-Yo he venido por otra cosa. Deberías estar muerto.
-Pero no lo estoy. -repuso él, con una sonrisa pícara.
-Pero no lo estás... Precisamente por eso he venido.
-¿Suerte te ha mandado a matarme?
-Oh, no, no. Todo lo contrario.
Ahora sí que estaba perplejo. Él, Anders. Estaba sorprendido. Increíble.
-Me he perdido.
Pensamiento se relajó, y le sonrió. No fué una sonrisa amable... fué más bien de superioridad.
-Necesitamos a alguien como tú. Un rebelde entre los rebeldes, un renegado, un proscrito. La típica persona que diría no a lo que estoy a punto de proponerte. Necesitamos... un héroe.
-No.
-¿Lo ves? -Pensamiento sonrió de verdad por primera vez. Se le hacían hoyuelos en las mejillas, y sus ojos se volvían chiquitines y brillantes. Tenía una sonrisa bonita.
Pero Anders no se retractó.
-No soy un héroe.
-No te he dicho que lo seas. No pienso que lo seas. Porque tu tienes razón. No eres un héroe.
Todavía no.

"Y lamenté tener razón."

martes, 23 de noviembre de 2010

Es la vida, compañero

Y siempre era lo mismo, mientras lo miraba con esa mirada que tanto lo molestaba, mientras susurraba su nombre.
Fumaban a escondidas en el cobertizo. No eran amigos, no eran novios, no eran amantes.
No se conocían.
Pero fumaban juntos, escondidos en el cobertizo, y aquel fué el principio del fin.
(...)
-No lo entiendo. No lo entiendo, ni lo entenderé nunca. Allá fuera están tirando bombas. Matando gente. Y nadie sabe por qué, pero les dejamos hacerlo. ¡No está bien!
-C'est la vie, compañero. -susurró el otro, mientras aplastaba el cigarrillo contra el suelo.
Le brillaron los ojos.
-¿A quién?
Siempre le gustaron los chistes malos.

Nota desde el tejado:
Tengo ganas de escribir una historia de amor.
Una de verdad, pero no se me dan bien, porque no lo he intentado en serio.
Pero no sé. Creo que me lo debo.


domingo, 21 de noviembre de 2010

Madison Tense.

>>Rómpeme el corazón. -le susurró una vez.- Rómpelo en mil pedazos, y luego písalos. Quémalos, entiérralos. Olvídalos. O guardalos en algún bote de cristal y quédatelos, ponlos en esa vitrina de trofeos que sé que tienes y dedicate a regodearte en tu victoria. Hazlo, porque, hagas lo que hagas, yo seguiré viva.<<

Maddie se llamaba Madison Tense, y era una importante que un fatídico día intentó matar a Pensamiento. Y digo intentó, porque tres segundos antes de que sacase la pistola, ella se dió cuenta y la redujo. Ya sabemos como es Pensamiento. Maddie era alguien complicado que creaba problemas a su alrededor, porque conocía a Anders y a su historia, porque ejercía sobre Sean un influjo extraño que nadie (excepto ellos dos) entendía, y porque, bueno, había intentado asesinar a Pensamiento, y todo el mundo sabía que eso no está bien.
Y lo peor de todo, era que ninguno de los tres podía matarla, porque, claro, era una importante, aunque fuese su prisionera. Y Maddie pensaba aprovecharse de aquello, pero no había contado con un algo aún más problemático que ella.
Se llamaba Shaff Jeevas, era un pirata, y se la soplaba que Maddie fuese lo que era, porque él vivía de pasarse por el forro las leyes.
El futuro de Madison Tense, alias Maddie, alias Rubita, alias Incordio, pasó a ser desconocido el día que, por alguna razón, intentó acabar con una asesina de la Red.

viernes, 19 de noviembre de 2010

À mon avis

>>-Sophia Sand nunca encontró el camino a casa. Blaze nunca supo que lo buscaba, porque Sophia nunca le dejó ayudarla a encontrarlo.
Sophia Sand era una niña perdida que, una mañana, decidió que podía mirar al futuro mientras buscaba su pasado. Pocos se plantean hacerlo, casi ninguno consigue realizarlo.
Por supuesto, Sophia pudo.
Sophia Sand pintó una mañana una sonrisa en la cara de la Mentira. Y así se quedó, hasta que Mentira fué rota.
Sophia Sand nunca robó un cielo. No le gustan las nubes, ni los aviones que tiran bombas. Eso todo el mundo lo sabe.
Sophia Sand quiso. Sophia Sand amó. Sophia Sand odió. Sophia Sand maldijo, y estoy convencido de que, en ocasiones, Sophia Sand también lloraba.
Sophia Sand, aunque muchos no lo crean...
Era humana
Es un hecho.
Y como es humana, se que vosotros no la habeis matado.<<
Blaze el desmemoriado, Rebelde, heredero de Sonnë.

miércoles, 10 de noviembre de 2010

Los misterios de la pequeña Pensamiento

A Pensamiento podrían haberla llamado Amenaza y entonces la cosa tendría más sentido. Pero hubiese sido todavía mejor si su nombre hubiese sido algo como Acción o incluso Verdad.
Pero se llamaba Pensamiento, y bailaba como nadie. Se llamaba Pensamiento y pertenecía a la Red.

Por eso a él nunca le gustó, porque era una propiedad. Porque sabía que si Suerte la llamaba, ella acudiría, aunque tuviese que pasar por encima de alguien. Y eso a él no le hacía gracia.
Pero él se equivocaba con Pensamiento, porque antes que a la Red, se pertenecía a sí misma. Porque antes que a asesinar, había aprendido a bailar. Porque era dura por fuera, y por dentro también. Pero eso él no lo sabía. Solo sabía que era Pensamiento, y pertenecía a la Red. Y ni siquiera era una importante.

Ignoraba de dónde había salido, pero no le importaba, porque a él solo le importaba el presente. Y Pensamiento tenía un pasado y un futuro, pero no tenía lo que él consideraba más importante. ¿Por qué?
Porque Pensamiento vivía tres segundos antes que todo el mundo.

Era la reina del disfraz, aun que no lo sabía.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Os presento a la familia Sky

-Hay que reconocerlo, -decía siempre Vlad.- en este mundo hay familias con clase, familias sin clase, y familias con mucha, mucha clase. Y los Sky pertenecen al tercer grupo.

Siempre que se hablaba de los Sky en algún bar, hasta los más borrachos levantaban la cabeza. Era la familia más rara del mundo.

El señor Sky era el vivo retrato de su padre (“¡que en paz descanse y que no vuelva!” como solían decir los más valientes) Gaston Sky I, pero había heredado algunos rasgos de su madre, la señora Micaella Sky, una mujer de armas tomar (ahora convertida en Abuelita Micaella), así, Gaston Sky II combinaba los rasgos nórdicos de su padre con los mediterráneos de su madre en un cóctel extraño, sí señor.

La señora Sky era Isobel Sky (anteriormente Isobel Uran), madre de los ocho niñatos Sky, una mujer con todas las letras. Ella mandaba ¡y más le valía a la humanidad que sus deseos fuesen cumplidos! Aunque claro, cuando tienes ocho hijos, cada cual peor que el anterior, o tienes mucho carácter, o acabas queriendo suicidarte.

Sin embargo, las fuertes personalidades del matrimonio Sky no son lo que generaba las conversaciones en los bares. Esos eran los ocho hijos de Isobel y Gaston: Sam, Nikita, Nicolai, Johann, Crysis, Talline, Alessandro e Ingrid. ¡Aquellos malditos niñatos! Levantaban opiniones adversas en todo el país, pero solo había una que compartía todo el mundo. Eran raros de cojones, y no se parecían en nada. Pero empecemos por el principio:

El mayor de todos era Sam, un chaval aparentemente tranquilo, de algo así como veintitrés años, y de un tamaño extra grande. Hombros anchos y una estatura más que considerable, hacían de él alguien imponente. Era un experto informático y se rumoreaba que trabajaba entrenando al ejército. Pero Sam Sky era todo un misterio.

Después de él había nacido Nikita Sky, a la que nadie se atrevía a llamar por ese nombre, y a la que todo el mundo se dirigía por Ai. Era una joven rara (casi más que toda su familia, pero claro, alguno de los pequeños la superaba) e independiente, que hablaba por todos los demás. La portavoz, por así decirlo, una chica de cabello castaño y lengua viperina (“¡si alguna vez se la mordiese, seguro que se envenenaba!” Pensaban muchos y comentaban unos pocos). Tenía mente de empresaria, y todos temían que algún día se convirtiese en una.

Tras Nikita, dos años menores, iban los gemelos, Johann y Nicolai, Nicolai y Johann. Tenían diecisiete años y ya eran las caras (y los cuerpos) de varias firmas de moda. Eran unos jovencitos guapos que resultarían encantadores… Si no hubiesen heredado los caracteres de Isobel Sky y de Abuelita Micaella y se dedicasen a ignorar todo lo que les rodeaba, o a ser desagradables con todo el mundo, haciendo declaraciones escandalosas que su hermana mayor tenía que esforzarse en suavizar después. Niñatos insoportables y mimados, eso eran.

Dos años y medio después de Nico y Johann, habían llegado dos miembros más a la familia. Los mellizos, Talline y Crysis. Probablemente no ha existido en el mundo dos mellizos tan diferentes a simple vista. Crysis no amenazaba, actuaba. Talline gritaba improperios a diestro y siniestro, pero rara vez los cumplía. Aunque, claro, Talline podía acertarte entre los ojos con un cuchillo, a la distancia que fuera. Otra cosa que no tenían en común era la energía (o rasmia, como la llamaba Abuelita Micaella), porque Crysis era tranquilo y frío; y Talline se movía tanto que parecía que había tres o cuatro Tallines en la sala. Crysis creaba. Talline destruía.

Había dos más, otros niños mellizos (Cita textual oída en un bar: “¡La señora Sky solo parece saber parir a pares!”) de cuatro años, Ingrid y Alessandro, que se habían convertido en los niños mimados de las cámaras y de Abuelita Micaella. Pero esos todavía no eran tan peligrosos como los mayores.

sábado, 6 de noviembre de 2010

Its just a jump to the left [and then a step to the right]



Aquella mañana no se encontraba bien. La resaca lo atacó en cuanto abrió un ojo y tuvo consciencia de estar despierto, y ahora amenazaba con quedarse ahí durante todo el día. Sintió que las ganas de vomitar, le ganaban poco a poco el primer puesto a la sed.
Pero no se levantó. No se había movido cuando la boca amenazaba con empezar a arder de lo seca que estaba, no iba a hacerlo por un par de náuseas sin importancia.

Giró la cabeza, y sus ojos se detuvieron en el chico. ¿Al final se había quedado? Sonrió levemente. Claro que se había quedado, con tanto alcohol en el cuerpo...
Y ahora estaba dormido en su habitación. Porque estaba dormido, aquella cara de serenidad, en aquellos tiempos, solo se tenía cuando uno estaba dormido, muerto o drogado. Y el chaval respiraba.
Frunció el ceño. ¿Y cómo es que él estaba vivo? Debería haber muerto el día anterior, y sin embargo, allí estaba. Resacoso, pero vivo. Y se había despertado al lado de alguien. No recordaba bien su nombre, pero era alguien. Un chico dormido a su lado, que ignoraba que él lo miraba , que no sabía que el sol que entraba, perezoso, por la ventana jugaba con su cabello, haciéndolo parecer dorado.

No es oro todo lo que reluce.

Aunque a veces sí.

miércoles, 27 de octubre de 2010

Yo no voy a morirme

Toda su vida le pasó por delante de los ojos. Fueron solo unos cinco segundos, pero es que no había mucho que contar.

Vio a los Rebeldes y vio la agria y cínica sonrisa de Sophia. Vio a Sonnë, su mentora, amiga y maestra. La vio reírse y morir, todo en la misma imagen. Vio a Vlad, a Ciel y a su hermana.
Vio a Strawberry. Muchas veces. Oyó las risas de la mayoría. Volvió a notar el dolor de cabeza de la primera vez que despertó después del misterioso accidente.
Vio fuego.
Y entonces lo decidió. El era Blaze, el desconocido. El era Blaze, el desmemoriado, el perdido. El era Blaze, el guerrero, el heredero de Sonnë.
Él era Blaze y no iba a palmarla.

Así que levantó la cabeza con orgullo, la mirada ardiente y peligrosa, apretando los dientes para ignorar el dolor.
-Yo... -resolló.-Yo no voy a morirme.

Y la suya fué una sonrisa de lobo herido, cansado y viejo, pero que sabe que ha ganado la batalla.

Y Blaze venció, aunque no de la manera que esperaba.

-Como quieras, caballero. -la voz de Lumini, llegó hasta sus oídos, dura, cruel.- No morirás.
-¡¿CÓMO!? -oyó un grito airado desde las sombras de la habitación.
-Paciencia, paciencia. -aquella voz musical y juguetona, apenas un susurro, pertenecía sin duda a Dama Murmullo, y pareció calmar al tercer hombre.- Seguro que nuestro querido amigo -uf, aquellas palabras sonaban realmente peligrosas- no va a dejarselo tan fácil como piensas. ¿Verdad?
En los labios del aludido se dibujó una sonrisa cruel, pero no contestó. Todos los presentes conocían la respuesta.
-Haz lo que te de la gana conmigo, Lumini. -le espetó Blaze, y un hilillo de sangre se le escapó por la comisura de la boca. Él no le dió importancia.- No os tengo ningún miedo.

Las carcajadas agudas de Dama Murmullo resonarían para siempre en su memoria, como una terrible melodía junto con el recuerdo de Lumini acercándose más a él, para susurrar en su oído:
-Mentira.

sábado, 23 de octubre de 2010

Historias que tal vez vean la luz algún día.

-No me mires con esa cara, Sand. -le gruñó él, tirándole una palomita a la cara, que Sophia atrapó y se metió a la boca en silencio.
-Te miro como me da la gana, estúpido. -contestó ella, al ver la sonrisa burlona que se dibujaba en los labios .- ¡No me hagas perder la paciencia, qué ya estás avisado!
-It'll work itself out fine/All we need is just a little patience/Said sugar make it slow/And we'll come together fine/All we need is just a little patience/Patience...
(Guns N' Roses, Patience) -canturreó Strawberry, con aire ausente, sentada en el sofá, abrazada a su cojín favorito.
-¡Hala, que empieza la otra! -La mueca de asco de Sophia se hizo aún más grande.
-Déjala en paz. -le reprochó (o más bien le advirtió) Blaze.
-No la he tocado.
-Porque no tienes huevos.
-Vete a la mierda, que sabes que no le haría nada.
-Blaze. -interrumpió la voz clara y aguda de Strawberry.- No metas mierda donde no la hay, porfa.
Porfa era, sin duda, una de las palabras que Sophia más odiaba. ¡¿Qué coño le costaba decir por favor!?
Pero no dijo nada. Porque la que lo había dicho era Strawberry, y ella podía decir lo que quisiera. Sophia no entendía muy bien por qué, pero así era la cosa, e incluso ella lo respetaba.
El silencio -roto únicamente por el sonido de la película que estaban viendo- se fué extendiendo por la habitacion. Y así se estuvieron un buen rato, hasta que oyeron unas llaves.
-¿Quién le ha dado una puta copia de las putas llaves a Vlad? -rezongó Sophia.
-Yo no. -contestaron Strawberry y Blaze al unísono.

Y Vlad entró en escena.

-Buenas noches, chicos. -se detuvo en el sillón y le dió un beso en la frente a Strawberry.- Tengo una sorpresa para tí, Straw.
-¿Me llevas a Nueva York?
-No hay nada para tí allá, señorita. -La mirada de Vlad se ensombreció un poco, pero volvió a brillar como siempre cuando, con un movimiento elegante, sacó un ramo de orquídeas de alguna parte y se lo tendió con una reverencia.
Los ojos de Strawberry, se iluminaron, y cogió con delicadeza las flores, oliéndolas. Vlad se apartó un poco, después de murmurar algo que solo ella pudo escuchar, a lo que contestó asintiendo levemente.
Volviéndose ya hacia los otros dos, saludó a Blaze con un movimiento de cabeza y le robó un buen puñado de palomitas del cuenco donde las tenía, bien agarradas, y se las metió a la boca.
-Vaya cosas más asquerosas. -Torció el gesto, pero tragó. Y entonces miró a Sophia a la cara y, con una sonrisa, dándole un golpecito en la nariz, le susurró:
-
No me mires con esa cara, Sand.


miércoles, 20 de octubre de 2010

Ruleta rusa

Tú querías soñar. Yo quería vivir.
Dicen que ser feliz no es hacer lo que te gusta, si no que te gusta lo que hagas.
Siempre tuve un problema, el mismo que tú.
Queríamos demasiado. Nos queríamos demasiado.
Y siempre lo queríamos todo, el uno del otro.
Y tarde o temprano uno tenía que romperse. Y, un día, decidí que esa no iba a ser yo.
Dejé de disparar. Pero tu también dejaste de hacerlo. ¿Entonces qué? ¿Ibamos a vivir permanentemente jugando a la ruleta rusa? Yo no quería hacerlo, y se que tu tampoco.
Yo quería soñar. Tú querías vivir.
Tú siempre quisiste ser libre.
Y yo también.

Pero nunca supimos hacerlo.

¿Cómo acabaría aquella ruleta rusa?

lunes, 18 de octubre de 2010

Duros como piedras.

In New York,

Concrete jungle where dreams are made of,


There's nothing you can't do.

Empire State of Mind.

Siempre habían querido viajar. A cualquier parte. Aunque Strawberry siempre insistía.
Ella quería ir a Nueva York.
Vlad siempre se rió de ese deseo. Por supuesto, Vlad ya había viajado allí, e insistía en decirle a la pequeña Strawberry que desde que empezó todo esto, aquella mágica ciudad no era más que un montón de edificios sin ningún atractivo.
Sobre todo desde que se llevaron la Estatua de la Libertad.

No había libertad para nadie. Ni en Nueva York ni en ningún otro sitio.

Pero Strawberry, eterna cazadora de sueños, siempre se tapaba los oídos, para no oír a Vlad.

Pero su primer viaje no fué allí. Su primer viaje fué al Bloque.

O, como lo conocían todos, el Infierno.

domingo, 17 de octubre de 2010

Familia Sky, que daño le has hecho al mundo


La televisión estaba puesta a un volumen más alto de lo que se consideraba saludable. Resultaba extraño que a ninguno de los presentes estuviesen sangrándoles los oídos. Así, tronaban los conocidísimos chistes de los Simpson, en francés, mientras Nico iba repitiendo los diálogos.

- T’as vu combien des fois cet chapitre?-le preguntó Sam, mientras revisaba su correo electrónico.

-'Sais pas. Dix, plus ou moins.

-Pas du tout. -interrumpió Ai, entrando en la habitación.- Je crois que t'as vu cette merde de chapitre, au moins vingt-cinq fois.

-Peut être.

-Mais... t'étais ici, Ai? Depuis quand?

-Ben... Je suis arrivée ici a l'heure du p'tit déjeuner. Tu serais endormi ou je sais quoi. T'étais pas là.

-Ah, c'est vrai. Je crois Talline est monté pour me dire, mais j'etais en train d'avoir un bon rêve...

-Alors? -la voz de Johann, que no despegaba la mirada de la tele, al igual que su hermano gemelo, se metió en la conversación.

-Alors je me suis pas réveillé.–concluyó Sam.

La familia Sky. Sam, Ai, Nico y Johann.

Como se nota que la familia tu no la eliges



"-¿Cuantas veces has visto este capitulo?
-No sé. Diez, más o menos.

-Para nada. Creo que has visto esta mierda de capitulo por lo menos 25.
-Puede ser.
-Pero... ¿estabas aquí, Ai? ¿Desde cuando?
-Pues... He llegado a la hora del desayuno. Tu estarías dormido o que se yo. No estabas.
-Ah, es cierto. Creo que Talline ha subido a decírmelo, pero estaba teniendo un buen sueño...
-¿Entonces?
-Entonces no me he despertado"